Los estados modernos se han caracterizado por constituir una organización política que se preocupa y concentra en disciplinar los cuerpos de las poblaciones. De tal modo, que tiendan a tener ciertas conductas y no otras en sus vidas públicas y también privadas, por medio de una serie de instituciones que operan desde el primer minuto de vida del individuo. Nos referimos a los hospitales, escuelas, parroquias, policías e instituciones de corrección como los psiquiátricos o prisiones que se levantan a lo ancho y largo de cualquier estado.
A su vez, los estados despliegan una serie de instrumentos y mecanismos de “higiene pública”, caracterizada por una complicidad médica legal para cuantificar su población, medir su expectativa y calidad de vida, los índices de analfabetismo, desnutrición u obesidad. El estado a ratos fomenta la procreación, en ocasiones la desincentiva, regula o no regula dependiendo de los objetivos políticos y las circunstancias económicas (economía política), de la misma forma que lo hace con la inmigración y, desde luego, con la sexualidad. De lo que se trataría es de normalizar sus conductas, de domesticarlas, hacer dóciles los cuerpos, condición para dominar y ejercer autoridad sobre los sujetos.
La preocupación por lo corpóreo, por los asuntos de la población desde la óptica estatal, es lo que se conoce como biopolítica que ha sido estudiado por autores como Michel Foucault. Pues bien, en los países árabes se constituyeron estados que adoptaron las teorías y prácticas de los modernos estados nación, agregándose también sus propias particularidades. Esto es importante de remarcar puesto que desde ése lugar que se ha autodenominado “Occidente” se exhibe como oponente radical a un “Oriente” y en particular a los árabes como seres exóticos, ardientes, sensuales, etcétera. Aunque, paradojalmente, se les muestra o representa como diría Edward W. Said, como seres irracionales, incivilizados, “con una determinada mentalidad estática” en donde, por ejemplo, la mujer es reprimida, enclaustrada en tareas domesticas, obligada a aceptar el marido que le imponga su familia y cosas por el estilo. Como si la sumisión histórica de la mujer, por medio del patriarcado, fuese monopolio o patrimonio exclusivo de la cultura árabe musulmana.
En el último tiempo, ha existido un esfuerzo intelectual, ideológico y político sistemático y permanente con el fin de homologar o relacionar lo árabe y/o musulmán con el fundamentalismo, concepto que se origina en la cultura protestante anglosajona. Es decir, árabe implica fundamentalismo a secas en cualquier contexto sociopolítico. De esta forma, se ha elaborado un sustento teórico y con ello una cierta legitimidad para justificar expediciones coloniales en países árabes o musulmanes. La invasión a Afganistán se justificaba no tan sólo porque los Talibanes y Osama Bin Laden se habían involucrado en un gran atentado contra Estados Unidos, sino también porque que eran personas fundamentalistas que reprimían a las mujeres, por ejemplo, por medio de la Burka. “Habría que rescatarlas de esos demonios humanos”. Simultáneamente, se oculta que fueron apoyados por Estados Unidos para combatir a los soviéticos durante los setenta.
Hace muy poco tiempo atrás una chica libanesa, llamada Rima Fakih, de 24 años fue coronada como Miss USA 2010, una elección inédita en la historia norteamericana, puesto que por primera vez se elegía a una mujer árabe para representar a la belleza estadounidense. Pero casi al instante la prensa conservadora comenzó a relacionar a la bella mujer de poseer nexos con Hezbollah. “El portal Jewish Internet Defense Force (JIDF) comentó que "era un día oscuro para EEUU" por el triunfo de Fakih, a la que acusaron de apoyar el fundamentalismo” [1]. Se dijo que Hezbollah [2] le había otorgado financiamiento, entre otras cosas. Pero más allá del ejemplo citado, se evidencia una intención de mostrar a los árabes en su vida pública y cotidiana como cerrados, represivos y conservadores. Cuando no se logra ello, se recurre a la vinculación de una persona o un acto con el fundamentalismo político y religioso.
Por otro lado, poco y nada dice la “élite política occidental [3]” y los medios sobre las persecuciones y encierros masivos de homosexuales en Egipto, en el cual no se encuentra tipificado el delito de ser homosexual, pero frecuentemente se les acusa de “práctica del libertinaje de manera habitual”, país gobernado por el Dictador Mubarak, aliado a Estados Unidos e Israel. A su vez, en el Reino de Arabia Saudita, existe una policía religiosa que corrige o castiga físicamente las conductas “impropias o inmorales”, situación del todo reprochable, pero no representativa del conjunto de los países árabes.
La sexualidad en los países árabes es representada como una sola, homogénea a sus más de 300 millones de habitantes y más de una veintena de países, no distingue realidades socioeconómicas, regiones(El Levante, Magreb, El Golfo, en fin), costumbres urbanas o rurales o las tradiciones preislámicas. El árabe es un ser, visto desde “aquí”, absolutamente objetivado e incapaz de salir de dichas categorías y estereotipos construidos de manera interesada por “los orientalistas” y por los medios de comunicación que citan a dichos “expertos sobre Oriente”. De la misma forma que el árabe es un sujeto no de derecho (y por tanto objeto de dominación) es que tampoco puede optar por elegir su orientación sexual o sentir plenamente su sexualidad. A su vez, a menudo se le sitúa como extremista, integrista o fundamentalista en la forma de vivir la política, la religión y, desde luego, su sexualidad. “Los árabes tienen un harén”, “tienen siete mujeres”, “la poligamia es parte de su cultura”. Se ha elaborado toda una mitología al respecto que se caracteriza por describir al árabe con una cierta “esencia” que lo hace diferente y distinguible del resto de la humanidad.
El presente número de Hoja de Ruta es una invitación a pensar críticamente el asunto de la sexualidad en los árabes, prescindiendo de los prejuicios acostumbrados para analizar dicho lugar del mundo, como si la “sexualidad occidental” fuese un ejemplo de iluminación para “el resto de la humanidad” en lo que respecta a materia sexual. Que a menudo no cuenta con la más mínima perspectiva autocrítica que de cuenta sobre lo que “somos hoy”, en la cual la supuesta libertad de la mujer, se manifiesta como un mero objeto de culto sexual, en una mercancía más, en un objeto de consumo o en una herramienta para incentivar el consumismo, en un fin y un medio, puramente instrumental, para satisfacer un estilo de vida y sexual en el cual pretendemos satisfacer “como unas máquinas” a todos(para cumplir) y terminamos sin satisfacer a nadie, quizás un buen reflejo de nuestros tiempos.
NOTAS
[1] Véase en:
http://www.abc.es/20100518/gente-famosos-latidos/acusan-miss-201005180048.html. Consultado el 20 de mayo de 2010.
[2] Movimiento y partido islamista que fue crucial para la salida de Israel del sur del Líbano, por tanto tachado como Fundamentalista. El Estado de Israel hacia fines de los noventa ocupaba el 10% del Líbano.
[3] Como crítica al gobierno o estado egipcio y no para reflejar de manera interesada “la intolerancia árabe”. |