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Edicion Nº 32
Mayo 2010
 

Presencia/ausencia de la fotografía de un rostro femenino
Por Cecilia Sánchez*
1.La representación política de la viudez

Este escrito consiste en la problematización de una foto del período de la dictadura, cuya característica es la de ser visual y discursiva. Me refiero a la foto del rostro de una mujer sin nombre que figura bajo la palabra “Viuda”. Se trata de una acción de arte en la que participaron Diamela Eltit y Lotty Rosenfeld, efectuada en el mes de septiembre del año 1985 a nombre del CADA. A nivel visual, la acción consistió en la inserción de una foto del rostro de una mujer popular en la revista Análisis, Apsi y La Época. A nivel discursivo, el texto que la acompañó es el siguiente:

“Mirar su gesto extremo y popular. Prestar atención a su viudez y sobrevivencia. Entender a un pueblo”.

Cabe recalcar que el cometido político de esta foto es hacer patente la existencia de los desaparecidos en los medios de comunicación. Según señaló Diamela Eltit en una entrevista, el propósito que esta acción tuvo fue “citar la muerte a través de la vida”[1]. En este sentido, la foto mencionada tiene la virtud de invertir el efecto de ausencia que produce el rostro de los desaparecidos, de quienes sólo apreciamos la espectralidad de una fotocopia desvaída. A la inversa, el retrato de la viuda muestra una presencia: un rostro femenino presente que tiene la responsabilidad de invocar una ausencia: su pareja o marido desaparecido. Podría decirse que la foto juega con una de las claves de la lingüística: el significante representa o remite a un significado. Asimismo, pareciera que esta foto también nos enfrenta a dos lenguas y a dos imágenes articuladas por un anverso y un reverso.

Me interesa advertir, además, que la foto descrita es equivalente a la del baile de la “cueca sola”; baile ejecutado por las mujeres o las parientes mujeres de los hombres desaparecidos a modo de un duelo nacional. Nuevamente, es una mujer la que, al bailar sola un baile de pareja, se muestra en el lugar de quien sobrevive en el período de la dictadura. Irónicamente, esta soledad es referencial; está destinada a resaltar el lugar del desaparecido. Por una parte, se trata de ser el signo de otro que no está. Por otra parte, al operar como el signo de un desaparecido, el rostro femenino se imposibilita para representar o encarnar a una desaparecida, puesto que no se concibe la existencia de viudos ni en la foto ni en la cueca. A propósito del efecto de borradura de la mujer que opera en la foto, me interesa recalcar que sí hubo desaparecidas, pero la foto y la cueca subrayan -si es que puede decirse así- únicamente la ausencia masculina.

Así presentado el problema, reitero que el centro de este escrito es una foto que nos remite a la presencia/ausencia de cuerpos femeninos y masculinos. Sin embargo, no basta con indicar el género de los cuerpos y rostros, ya que el contexto de visibilidad e invisibilidad de estos cuerpos tuvo un carácter político y moral. Por cierto, no es mi interés en esta ocasión ocuparme de hechos políticos o de lo que pasó realmente, sino del modo de representación estético/político de una de las mayores catástrofes ocurridas en Chile, como es la de los desaparecidos y desaparecidas a causa del golpe militar.

2.Visibilidad, enfoques y planos

Parto por el tema del enfoque. Desde ya informo que no soy fotógrafa, aunque en cierto modo todos y todas lo somos. Como aficionada, puedo decir que enfocar es centrar un objeto, pero la foto anteriormente mencionada tiene un foco equívoco que cuesta identificar. En relación al objeto enfocado, el libro La cámara lúcida de Barthes nos familiariza con el punctum; aquél efecto de inmediatez de una alteridad de la imagen; un indicio que nos afecta emocionalmente. A la vez que, con el studium, la fotografía se ofrece como un material de desciframiento o de explicación. Como semiólogo, Barthes desconfía de toda evidencia visible, acusándola de naturalizar un poder. Pero, desde una mirada “salvaje”, lo que prevalece es la inmediatez[2]. A partir de esta codificación, ¿qué pude decirse de la foto “Viudas” (por así llamarla)? ¿Tiene la potencia de la inmediatez o punctum? O bien, más que visibilidad sensible, tiene la potencia de una lectura que se sirve de la presencia al modo de una letra. Si es así ¿podría tratarse de un cuerpo no presente pero narrado?

No olvidemos que la presencia/ausencia de la foto y la del baile de la cueca refieren o relatan el paso que va de la vida a la muerte. Si toda foto muestra un cuerpo que ha sido, esta foto es especialmente fantasmal, ya que uno de los cuerpo (el masculino) lo es doblemente, pues al momento de tomar la foto había dejado de existir como para ser alcanzado por la impresión mecánica.

En el caso de la política y su relación con el espacio público, Hannah Arendt ha establecido varias ecuaciones entre luz e inmortalidad y su contraste metafórico entre oscuridad y muerte; demarcaciones usadas para referirse a cuerpos que brillan (los políticos) y a cuerpos oscuros cuyo lugar de circulación es privado, en el sentido de que sus actos se encuentran privados de luz (y de sentido).

Si volvemos a la foto y la examinamos desde la perspectiva política de la visibilidad, resulta paradójico constatar que este cuerpo visible es uno no- político; más bien está vivo en términos de vida animal (zoé). Si este cuerpo llega a entenderse de modo político, se debe a que asiste a otro que no es visible. En este sentido, la “Viuda” es semejante a la María Magdalena bíblica, quien alcanza algo de la santidad de Cristo debido a que lo asiste en su muerte.

Me interesa ahora interrogar el estatus discursivo de la foto. Se dice que la foto “Viuda” es una fotografía artística. Si es así, además de ser portadora del análogo de lo real, por así decirlo, ella es portadora de un segundo momento que sería, en palabras de Barthes, “El mensaje fotográfico”, es decir, la “connotación”. Como se sabe, ésta puede ser ideológica, estética, provenir de la sintaxis, la pose o el encuadre de la escena ofertada. En el caso de la foto que comento, nos encontramos con un doble texto: el título “Viuda” y el texto añadido a pie de la foto que hace las veces de un comentario-foco, pues permite desenfocar la escena frontal del rostro de la mujer para reacomodarla en un foco ausente.

En este sentido, el texto citado al comienzo, no es como en la prensa, un ilustrador de la imagen; más bien restituye o ilumina el lugar del desaparecido. Junto con entregar esta connotación moral, de pasada, el texto naturaliza una condición cultural: la de una viudez inherente a lo femenino pero no a lo masculino. El mensaje verbal parece participar de la objetividad de un mensaje que convierte el rostro de la mujer en una acompañante. De este modo, la foto logra proyectar la no-imagen del marido o pareja en un primer plano.

3.La transparencia metafórica de la feminidad

Por último, quisiera reparar en el mecanismo estético que acompaña al procedimiento de la foto. Con este propósito voy a citar una escrito del filósofo y ensayista español José Ortega y Gasset[3], quien se propuso revelar las ambigüedades de lo mirado o enfocado por un yo vidente de modo fenomenológico. Ortega y Gasset quiere resaltar el subjetivismo ingenuo en el que cae la relación sujeto/objeto, dado que el objeto visualizado es parte de un yo que tiende a ignorarse como yo. Cuando comenta las características de un objeto estético, en parte, repite el escrito de Heidegger “El origen de la obra de arte”, ya que Ortega y Gasset pasa de la consideración de la presencia corpórea o cosística de la obra a la peculiaridad del objeto estético en tanto intimidad. Con todo, se aleja de Heidegger, especialmente cuando compara a un objeto estético con un “cristal”, aproximándose a la tradición de la mirada del cogito. La esencia de un cristal, dirá, “es mirar a través del cuerpo cristalino”. Es curioso, pero, a juicio de Ortega y Gasset, en el objeto estético se daría esta condición: hay cosas que nos permiten ver a través de ellas cuando nos sirven de tránsito hacia otras. En este punto exclama: “¡extraña misión de humildad!”. Esta situación de humilde tránsito, rápidamente la adscribe a las mujeres al citar una expresión de Cervantes referida a lo femenino: “un cristal transparente de hermosura”. Así, llega a decir que las mujeres, tanto en lo corporal como en lo espiritual, parecen condenadas a ser tránsito hacia otros seres: al amante o al hijo. En este sentido, Ortega y Gasset fija la identidad de las mujeres a partir de la condición de transparencia que les atribuye, equivalente a la posición metafórica de un objeto estético.

Bien sabemos que la metáfora es un cuerpo espectral que nos empuja a otro mundo u objeto puesto que cumple un servicio de traslado. Si volvemos a la foto en cuestión, nos encontramos con este mecanismo: la imagen de la mujer anónima se encuentra en tránsito: es una suerte de plasma apta para recibir el significado de la desaparición de la imagen del otro ausente. Su imagen es la de una no-identidad. Pese al enfoque de primer plano, se encuentra desenfocada debido a que cumple la función de una transparencia. Como se dijo antes, se necesita que ella desaparezca o se transparente para hacer aparecer la intimidad de la desaparición del otro.

La foto es narrativa pues invierte la mirada frontal, dado que el propósito de la figuración del rostro es entregarle su cuerpo a otro. ¿Se trata de un acto de amor? O bien, ¿no habría que advertir un mecanismo ideológico que la despolitiza y le niega a las mujeres el reconocimiento de su condición de desaparecidas?

Antes de terminar, me interesa aclarar que no responsabilizo de esta falta de reconocimiento a quienes hicieron circular la foto antes referida, dado que en ese momento se mostró lo inmostrable. Me refiero al hecho de hacer presente, en el medio de la prensa, a los desaparecidos. Sin embargo, considero necesario problematizar la estética que esta foto manipuló, debido a que contribuyó a invisibilizar la muerte política de las mujeres o, para usar la metáfora de Ortega y Gasset, de transformarlas en un cuerpo de cristal que se vacía para dejar lugar a otro cuerpo.

Podemos hablar, así, de una foto de cristal, ya que cuando la vemos y leemos su instrucción de prestar atención a su viudez, nos invita a que traspasemos su imagen tironeados por el hilo del ausente.


Texto leído en el Coloquio “Fotografía y desaparición”, organizado por Adolfo Vera en la Universidad de Valparaíso, 31 agosto de 2007.

* Cecilia Sánchez es Licenciada en Filosofía, U. de Chile. Diplome dâ estudes apronffondies (DEA) Universidad de Paris VIII. Actualmente es profesora de Filosofía del cuerpo en el Magíster de Estudios de Género y Cultura de la Universidad de Chile.

NOTAS

[1] La entrevista aparece en la revista Cauce en octubre de 1985. Las preguntas las realiza Ernesto Saúl.

[2] Ver de Ronald Barthes, La cámara lúcida. Nota sobre la fotografía, Buenos Aires, Paidós Comunicación, 2005.

[3] Ver de José Ortega y Gasset, “Ensayo sobre estética a manera de Prólogo”, en La deshumanización del arte, Madrid, Austral, 2007.
 
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