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Entre fines de agosto y principios de septiembre del año 2001 –es decir, unas semanas antes del atentado al World Trade Center-, en un pequeño texto titulado “Propaganda y Guerra”, el intelectual palestino Edward Said escribía lo siguiente: “Nunca los medios de comunicación habían sido tan influyentes a la hora de determinar el curso de la guerra como durante la intifada de al-Aqsa, que, en lo que a los medios de comunicación occidentales se refiere, se ha convertido básicamente en una batalla de imágenes e ideas.” [1] En contra de lo que denunciaba Marx hacia los filósofos hegelianos de su tiempo -para quienes en Alemania habría sobrevenido una “revolución sin igual” restringida, exclusivamente, al plano de las ideas- los tiempos de Said parecen exigir un paso más allá de la ironía que Marx lanzaba contra los “filósofos”. Un “paso más allá” porque, en nuestro tiempo, pareciera que las imágenes y las ideas han vuelto a adquirir el otrora estatuto de lo real. Así, es posible que, una vez consumado el atentado al World Trade Center, Said haya visto confirmadas sus palabras no sólo respecto de la intifada de al-Aqsa sino acerca los conflictos a nivel global. Guerra y espectáculo comienzan progresivamente a confundirse, superponerse; en definitiva, a identificarse en una sola y espectacular dimensión. Lo real se vuelve show (he ahí el “reality show” como forma extrema de dicha identificación), lo falso en verdadero, lo inmaterial (el lenguaje y las imágenes) en material y la fiestas en el más absoluto aburrimiento. He ahí, pues, el campo mismo del espectáculo.
A la luz de dicho problema es que “Hoja de Ruta” ha querido abrir un espacio para pensar la dimensión espectacularizante de los conflictos de Próximo Oriente: desde la guerra del Golfo de 1991, pasando por la invasión a Afganistán e Irak, hasta el conflicto permanente en Palestina y los territorios ocupados. Estética y política parecen, pues, confluir en una sola catástrofe que, desplegada a escala global, atraviesa el (los) frágil (es) y fracturado (s) cuerpo (s) árabe (s). En medio de la barbarie permanente y la hipocresía absoluta de los medios de comunicación ¿que puede significar para el árabe “escribir la historia”? ¿Qué puede significar, a su vez, “comunicar” y qué la “lengua”?, en último término, ¿que puede significar, en nuestro tiempo, un “pueblo”? Se advierte, pues, que estas preguntas interrogan la historia política árabe de los últimos 200 años. Historia que, como se sabe, coincide con el decisivo ingreso del colonialismo europeo, el fracaso de los proyectos nacionales decimonónicos, la puesta en juego del panarabismo nasserista y, por último, el surgimiento actual del llamado “Islam político”. Como se ve, el lugar de los medios de comunicación es la clave que permite interrogar el estatuto actual de la acción política en Próximo Oriente.
La historia la escriben los vencedores. En ese contexto, sus herramientas: los soportes mediáticos la intentan modelar, una y otra vez, creando personajes con “barba” que parecen venir de otros tiempos para instalarse en el seno de la “modernidad” que critican. Escribir la historia supone hegemonía cultural y es precisamente en este punto donde se sitúa el problema de la espectacularización de Próximo Oriente, espectacularización que, como se sabe, se efectúa desde los medios europeo-norteamericanos, desplegada en Chile –y el resto de América Latina- como única pauta mediática.
La concentración de los medios a nivel mundial y local en grupos económico políticos que hacen uso de éstos para sus propios intereses es una realidad. El problema está en que la mayoría de las masas no perciben ese trascendente detalle, que tiene directa ingerencia en su forma de pensar, de hablar, de relacionarse con la propia realidad y, en especial, con el Otro.
Paradójicamente, en Occidente nos encontramos inmersos en una “democracia” que al mismo tiempo de hacer alarde de sí misma, propicia y fomenta la dictadura solapada de los medios de comunicación, los cuales manifiestan en teoría su férrea disposición y fin último hacia el pluralismo, la libertad de opinión, la defensa y representación de la ciudadanía…, la lucha contra los poderes fácticos; pero a poco andar no disimulan su unilateralidad, autoreferencialidad y poca rigurosidad histórica con la eterna excusa de “un lenguaje objetivo y conciso”.
La sobrepoblación en el mercado de los profesionales del área y su precaria situación de subempleo, tampoco permite un real conocimiento y especialización sobre un área particular, abriendo flancos importantes en términos de rigurosidad a la hora de hacer referencia a un hecho o procesos con ciertas complejidades históricas, como lo es la relación Oriente Occidente y su dinámica actual.
La presente edición de Hoja de Ruta, “Espectacularización del Mundo Árabe”, hace un recorrido profundo por todas estás temáticas, la real ingerencia de la opinión pública, el reduccionismo de la situación en Palestina, la caricaturización de Medio Oriente, la mediatización de la realidad y más.., pues este IV Número comprende el último mes de 2006 y el primero del nuevo año que se nos viene -según nuestras predicciones-, aún más caótico e interesante de reflexionar y debatir.
El doble de artículos, con la certeza de que el contexto actual lo amerita y asumiendo que la llegada del verano abre paso –para algunos de nuestros lectores- a uno que otro día libre para ser dedicados al relajo de una buena lectura.
¡Nos vemos en marzo…!
HOJA DE RUTA |