Tu silencio me duele
tanto como la vida,
tanto como el tiempo.
Tus palabras me sostienen
tanto como la tierra,
tanto como el cielo.
Mi presentación de dos poemas del poeta palestino Mahmud Darwish (1941- ) está precedida de un breve poema sufí -cuya procedencia desconozco- y termina con la cita de un versículo del Corán; ambos textos orientan mi lectura de los poemas “Para nuestra patria” y “Pasajeros entre palabras fugaces”, que a continuación transcribimos en la versión castellana de María Luisa Prieto.
Para nuestra patria
Para nuestra patria
Próxima a la palabra divina,
Un techo de nubes.
Para nuestra patria,
Lejana de las cualidades del nombre,
Un mapa de la ausencia.
Para nuestra patria,
Pequeña cual grano de sésamo,
Un horizonte celeste…y un abismo oculto.
Para nuestra patria,
Pobre cual ala de perdiz,
Libros sagrados…y una herida de la identidad.
Para nuestra patria,
Con colinas cercadas y desgarradas,
Las emboscadas del nuevo pasado.
Para nuestra patria cautiva,
La libertad de morir consumida de amor.
Piedra preciosa en su noche sangrienta,
Nuestra patria resplandece a lo lejos
Pero nosotros en ella
Nos ahogamos sin cesar. He escogido los poemas “Para nuestra Patria” y “Pasajeros entre palabras fugaces” de Mahmud Darwish, puesto que, aún sin nombrar siquiera la palabra paraíso , permiten interpretarlos con una imagen potente: la patria palestina es un paraíso [1]. Esta es una línea de interpretación entre otras posibles, por cierto, puesto que en mi lectura estoy escogiendo una sola imagen al interior de estos textos; ella abre, a mi parecer, estos poemas a una significación poética y política que me parece muy eficaz, aunque a veces pareciera que la poesía no puede cambiar la realidad, como lo ha afirmado el mismo Darwish.
En mi percepción, la poesía –cierta poesía- permite el regreso, aunque sea por un momento, al paraíso que se ha perdido y permite también concebir el futuro. En este sentido, podemos leer también el poema sufí que citamos como epígrafe: las “palabras me sostienen tanto como la tierra, tanto como el cielo”.
Gracias a la significación que otorgamos a estos poemas, el de la patria/paraíso, deseable aún en el dolor del presente y resplandeciente aún en la lejanía, podemos también comprender una de las imágenes finales de este poema: “piedra preciosa en su noche sangrienta, nuestra patria resplandece a lo lejos” .Y aún en el cautiverio, esta poesía permite la libertad, incluso la libertad de morir, como escribe Darwish en su texto: “Para nuestra patria cautiva, la libertad de morir consumida de amor” .
Por otra parte, en “Pasajeros entre palabras fugaces” , otro importante poema de Darwish en el que el destinatario poético es implícitamente el ocupante israelí, encontramos nuevas imágenes de la tierra palestina que, en mi lectura, reafirman la visión de una patria cercana al paraíso. En la primera estrofa leemos:
Pasajeros entre palabras fugaces:
Cargad con vuestros nombres y marchaos,
Quitad vuestras horas de nuestro tiempo y marchaos,
Tomad lo que queráis del azul del mar
Y de la arena del recuerdo,
Tomad todas las fotos que queráis para saber
Lo que nunca sabréis:
Cómo las piedras de nuestra tierra
Construyen el techo del cielo.
La patria palestina que era “…un techo de nubes” en el primer poema, es ahora una tierra en la cual las piedras –una palabra que se repite significativamente en este poema- “construyen el techo del cielo”. En este mismo sentido podemos leer el ‘regalo' que se puede llevar el ocupante: “el azul del mar” y “la arena del recuerdo” , con sus connotaciones de hermosura y memoria inscritas en la superficie móvil y frágil del mar y de la arena.
En la segunda estrofa se nos presentan una serie de imágenes pareadas en las que se contrastan los atributos de poder de los palestinos y de sus adversarios: “Vosotros tenéis espadas, nosotros sangre,/ vosotros tenéis acero y fuego, nosotros carne,/ vosotros tenéis otro tanque, nosotros piedras,/ vosotros tenéis gases lacrimógenas, nosotros lluvia” . Así, la sangre, la carne, las lluvias y las piedras, todos ellos elementos naturales, constituyen el polo positivo de la serie de oposiciones que se construyen en este texto, y ellos se enfrentan, desde su debilidad esencial, con las espadas, el acero, los tanques y las bombas lacrimógenas del ocupante. La oposición clásica entre naturaleza y artificio que encontramos en estos versos se subraya y se desarrolla en la estrofa siguiente.
En ésta aparece el recuerdo de un paraíso rural amenazado por los “pasajeros entre palabras fugaces”, y en estos versos encontramos nuevamente las “piedras” asociadas –quizás asombrosamente- al pudor, una virtud fuerte y resistente como ellas, y ambos, piedras y pudor, son propias de Palestina. Por otra parte, en los versos finales de esta misma estrofa, reaparece el futuro prometido, asociado a la siembra y el cultivo de un territorio propio:
Como polvo amargo, pasad por donde queráis, pero
No paséis entre nosotros cual insectos voladores
Porque hemos recogido la cosecha de nuestra tierra.
Tenemos trigo que sembramos y regamos con el rocío de nuestros cuerpos
Y tenemos, aquí, lo que no os gusta:
Piedras y pudor.
(…)
Tenemos lo que no os gusta: el futuro
Y lo que sembramos en nuestra tierra.
En el mismo sentido de la construcción de un futuro esperado contra toda esperanza, aún en medio de un presente descrito como el de una “patria y un pueblo desangrándose”, ocupado por unos “pasajeros” que ocupan lo que no aman , (y esta ausencia de amor es sin duda significativa), leemos la reiteración de la llamada a esos pasajeros a marcharse de la patria/paraíso; rescatada en los versos finales del poema, encontramos una visión de una nueva tierra que ha podido recuperar su propio pasado, así como la voz inicial de la vida, el presente y el futuro, que siempre le han pertenecido:
Pasajeros entre palabras fugaces:
Es hora de que os marchéis
(…)
Porque tenemos trabajo en nuestra tierra
Y aquí tenemos el pasado,
La voz inicial de la vida,
Y tenemos el presente y el futuro,
Aquí tenemos esta vida y la otra.
Marchaos de nuestra tierra,
De nuestro suelo, de nuestro mar,
De nuestro trigo, de nuestra sal, de nuestras heridas,
De todo…marchaos
De los recuerdo de la memoria,
Pasajeros entre palabras fugaces.
La realidad social y política de la Palestina actual, la que compartimos y que conocemos por tantos testimonios e imágenes, parece contradecir la noción de patria palestina como paraíso , y aún hacerla impensable, un insulto a la realidad cotidiana que viven los palestinos en lo que aún queda de su territorio histórico. Así entendemos las últimas líneas del primer poema de Darwish que aquí presentamos: “pero nosotros…nos ahogamos sin cesar”.
Y sin embargo, esa patria perdida, “un mapa de ausencia”, casi sin nombre, es al mismo tiempo una tierra cercana al paraíso: “nuestra patria, próxima a la palabra divina, un techo de nubes…un horizonte celeste” (“Para nuestra patria”)
Gracias quizás a esta misma contradicción, podemos pensar que la imagen de una patria palestina como paraíso se constituye en una de las fuerzas más potentes, una fuerza que hace posible no sólo la resistencia política y militar, sino la más difícil de todas las resistencias: la que permite seguir viviendo, día a día, en una patria ocupada. Si no concebimos nuestra patria como paraíso, no vale la pena defenderla.
Quisiera terminar recordando aquí unas líneas del Corán que, como escribí más arriba, han orientado mi lectura:
"Ciertamente Allah recompensará con el Paraíso a los creyentes que sacrifiquen sus vidas y sus bienes combatiendo por la causa de Allah hasta vencer o morir. Ésta es una promesa verdadera que está mencionada en la Torá, el Evangelio y el Corán; y Allah es Quien mejor cumple Sus promesas. Alegraos pues, por este sacrificio que hacéis por EL, y sabed que así obtendréis el triunfo grandioso" (Corán, Aleya 11, sura Nº9).
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