Pero esta interdependencia no es exclusiva del ambiente físico, también se encuentra muy presente al observar los grandes dramas sociales y políticos del presente: la pobreza, el terrorismo, las guerras, la negación de los derechos humanos y las catástrofes ambientales. Por ejemplo, la interdependencia es decisiva para entender como las publicaciones de caricaturas que ridiculizaban al profeta Mahoma, en un periódico de un pequeño país como Dinamarca- “un batido de alas de mariposa”- puede encender la mecha de un auténtico “huracán” en el Mundo Islámico.
Violentas Protestas anti-occidentales provocaron un centenar de muertos y heridos, en países de fe islámica, como respuesta a las publicaciones satíricas; manifestaciones y ataques a la iglesia Católica ante la visita del Papa en Turquía, debido a las desafortunadas declaraciones que el pontífice hace algunos meses atrás en la Universidad de Ratisbona, en las que atribuía al Islam ser motor de la violencia; brotes de violencia en la zona incrementados por las publicaciones de imágenes, en todos los noticiarios del mundo, de la profanación y desacralización del Corán en Guantánamo y las vejaciones perpetradas a los presos iraquíes en Abu Grahib; son algunos ejemplos que nos hacen comprender la necesidad de una mayor responsabilidad y prudencia en el manejo y el tratamiento de la información.
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Se hace imperativo superar los límites de autoreferencialidad, provincianismo, estandarización, espectacularización del dolor y del conflicto que continuamente caracteriza el lenguaje y los contenidos de la comunicación actual, el cual provoca indignación y ofensa en muchas zonas del mundo. |
Se hace imperativo superar los límites de autoreferencialidad, provincianismo, estandarización, espectacularización del dolor y del conflicto que continuamente caracteriza el lenguaje y los contenidos de la comunicación actual, el cual provoca indignación y ofensa en muchas zonas del mundo.
Mirar, leer y observar con otros ojos.
El esfuerzo o capacidad de objetivar de los medios tradicionales de Occidente pareciera no ser fácil, por el contrario, prima la ignorancia acerca de los fundamentos y valores propios del Islam, así como de los procesos político, sociales y culturales que acontecieron y se producen actualmente en el lugar; cuyo conocimiento se hace esencial para poder interpretar la conducta que el Mundo Islámico muestra hacia Occidente. |
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Los medios de comunicación masiva marcados por la interdependencia y la interconexión de los flujos globales de noticias, requieren de replantearse los límites en la forma de abordar ciertos temas. Es necesario probar a observar las cosas con “los ojos del otro” para comprender el sentimiento que estuvo en la génesis de las reacciones violentas que caracterizaron estos episodios antes mencionados. Este esfuerzo o capacidad de objetivar de los medios tradicionales de Occidente pareciera no ser fácil, por el contrario, prima la ignorancia acerca de los fundamentos y valores propios del Islam, así como de los procesos político, sociales y culturales que acontecieron y se producen actualmente en el lugar; cuyo conocimiento se hace esencial para poder interpretar la conducta que el Mundo Islámico muestra hacia Occidente.
Según el Islam, está prohibido retratar a Mahoma. Esto está estipulado por el Corán con el objeto de no derivar en la adoración del Mensajero de Alá, pues a diferencia de la tradición cristiana él es sólo un ser humano con grandes virtudes, atribuirle una naturaleza divina es blasfemia. Para entender lo anterior, sin que cause extrañeza, hay que considerar que está religión surgen en una época de frecuentes prácticas politeístas, denominada la yahiliyya o “Época de la Ignorancia” (SVII d.C).
Es así como este designio en favor de conservar la atención en Alá -aún cuando el Profeta es considerado sagrado- ha implicado que a través de la historia, existan diversas pinturas o imágenes de episodios de su vida u obra donde aparece su figura explícita, pero su rostro está siempre cubierto.
En este contexto, las polémicas caricaturas no sólo retrataban a Mahoma -apóstol y último profeta de Dios- sino que ofrecían una versión satírica de éste asemejándolo a un terrorista suicida, lo cual es difícil de no ser interpretado como irrespetuoso, irreverente o, por así decirlo, blasfemo.
No es difícil de comprender, que ironizar sobre Mahoma es como burlarse del contenidos de textos sacros del cristianismo, o bien, ironizar a Jesús o sus discípulos, íconos que afirman los valores cristianos de Occidente, y que incluso son reconocidos y respetados por muchos laicos y no creyentes. Asimismo, desacralizar el Corán es para un musulmán como profanar la imagen del crucifijo para un cristiano.
Para el Mundo Musulmán, las torturas ocurridas en la cárcel de Abu Ghraib representaron una transgresión al Islam y sus preceptos, además de la flagrante violación de los derechos fundamentales de los individuos y de las convenciones internacionales para la tutela de los prisioneros. Como no olvidar las imágenes de abusos sexuales, físicos y psicológicos contra los detenidos, en las cuales los prisioneros musulmanes fueron obligados a exhibir su cuerpo, masturbarse, beber alcohol y comer carne de cerdo, prácticas estrictamente prohibidas por su creencia.
El escenario hace complejo no interpretar en estas afrentas como sentimientos de odio intereligioso e intercultural, sobre todo en una fase tan delicada de las relaciones entre Oriente y Occidente.
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El riesgo mayor que produce la espectacularización del Mundo Árabe es el de incentivar en el Islam un sentimiento exasperado de pertenencia por reacción, que se concretiza en un virulento antioccidentalismo, agravando así el conflicto y convirtiendo el realidad la tesis del señor Huntington sobre el “choque civilizacional”. |
El riesgo mayor que produce la espectacularización del Mundo Árabe es el de incentivar en el Islam un sentimiento exasperado de pertenencia por reacción, que se concretiza en un virulento antioccidentalismo, agravando así el conflicto y convirtiendo el realidad la tesis del señor Huntington sobre el “choque civilizacional”.
Sin desmedro de la libertad de expresión que evidentemente comprende el derecho a la sátira y a la crítica, los operadores de los medios deben hacer el esfuerzo de introducir el criterio de la complejidad de los fenómenos, el entendimiento y el dialogo en el ejercicio de una profesión donde generalmente predominan las simplificaciones y las contraposiciones.
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